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Desde esta semana, hay una propuesta ambiciosa en la Comisión Europea: la prohibición de la venta de vehículos que emitan gases de efecto invernadero, es decir, vetar la venta los motores de gasolina y de diésel. El 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero viene de esta industria, lo cual demuestra lo importante que es tener un transporte libre de carbono y lo mucho que puede contribuir a la recuperación de ecosistemas y a la prevención de futuros desastres ambientales.

La idea se enmarca dentro del proyecto para descarbonizar la economía de la Unión Europea, que discute actualmente la importancia de que las empresas tengan como una prioridad una serie de compromisos para la lucha contra el cambio climático. Teniendo en cuenta que una de las industrias más importantes para este transformación es la industria automotriz, la propuesta le apunta a la aceleración de la introducción progresiva de coches eléctricos y energías limpias en la región.

El objetivo es que para el 2035 solo se pueda vender en los países de la UE vehículos de cero emisiones. Sin embargo, el gran reto es no abandonar una industria que le aporta el 7% del PIB a la economía de la región, y de la cual depende el 6% de la población.

La propuesta demuestra el compromiso que están teniendo los gobiernos y las empresas alrededor del mundo para hacer una transición justa y organizada hacia la descarbonización.